La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Lawson estaba congestionado, torpe de lengua, enfurecido y sudoroso a causa de la bebida, si bien, por el momento, parecÃa estar sereno; veÃase en su rostro la expresión de un hombre desesperado que se halla en el momento más crÃtico de su vida. Y, en efecto, tal era su situación, aunque él lo ignorase.
—¿Cuáles son sus noticias? No debe tener cuidado alguno de mis sentimientos —dijo Lawson.
—Ray ha confesado que le interesa ese guardia rural —replicó Longstreth.
Duane llegó a temer que Lawson se muriese de un ataque de rabia. En efecto, tal fue la congestión y la cantidad de sangre que acudió a su cabeza, que se vio obligado a romper violentamente el cuello de la camisa. Duane esperó su oportunidad con frÃa paciencia, conteniendo sus impulsos.
—Pero ¿por qué ha de ver siquiera su hija a ese hombre? —preguntó Lawson con voz ronca.
—Porque le ama y él le corresponde.
Duane sintió una enorme alegrÃa al notar el estado de Lawson. La afirmación de Longstreth debió de ser un golpe tremendo para el bandido. Pero ¿serÃa sincero el viejo? ¿Qué se proponÃa?
Lawson fue por fin capaz de hablar y, al hacerlo, maldijo a Ray, al guardia rural y a Longstreth.