La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Durante el destierro de Duane se había construido un ferrocarril y Wellston cobró gran importancia. En la estación se había reunido una gran multitud, que guardó el mayor silencio mientras sacaban a Duane del vagón.
En cuanto estuvo en el andén, lo rodearon innumerables rostros. Él pudo recordar a algunos que fueron compañeros de escuela, amigos o vecinos. Muchas manos se levantaron para sostenerle, haciéndole objeto de un entusiasta recibimiento en la misma población de la que había huido. Pero aquella recepción le emocionó de un modo extraordinario y se turbó la claridad de su visión.
Luego llegó a una casa blanca, que era su antiguo hogar.
¡Qué extraña le pareció y, al mismo tiempo, con cuánta realidad se ofreció a sus ojos! Su corazón latía con violencia. ¿Sería verdad que hubiesen pasado tantos años? Aquello le parecía muy familiar y, al mismo tiempo, muy raro y de mayores proporciones que las que recordaba.
Los guardias rurales, sus compañeros, le metieron en la casa, le tendieron en la cama y le dispusieron las almohadas para que descansara cómodamente. Aunque la casa estaba llena de gente, reinaba en ella un silencio extraordinario. Duane dirigió la mirada hacia la puerta abierta.