La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Me acordaré, si le encuentro algún dÃa —replicó Duane.
Esta promesa pareció satisfacer al fugitivo. Luego quiso levantar la cabeza, pero ya no tuvo fuerzas para ello. Una sombra extraña se extendÃa lentamente sobre su bronceado y duro rostro.
—Me pesan mucho los pies. ¿Está usted seguro de que: me ha descalzado?
Duane cogió las botas y se las mostró a la moribunda, aunque no estaba seguro de que pudiera verlas. El forajido cerró los ojos de nuevo y murmuró algunas palabras incoherentes. Luego se durmió. Duane creyó que aquel sueño serÃa el último. Transcurrió el dÃa y Duane continuó observando a su compañero, en espera de su muerte. Hacia la puesta del sol, Stevens se despertó y sus ojos parecÃan estar más claros que antes. Duane fue en busca de un poco de agua fresca, creyendo que su compañero desearÃa beber. Pero, al regresar, Stevens no dio a entender que necesitase cosa alguna.
—Compañero… usted… me ha… cuidado… —murmuró el herido.
Duane observó un tono de alegrÃa en la voz y noto una débil sorpresa en aquel rostro desencajado. Stevens parecÃa haberse convertido en un niño de corta edad.