La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Para Duane, aquel momento era triste, fundamental, enorme y tan misterioso, que no acababa de comprenderlo.
Enterró al proscrito junto a un arroyo de poca profundidad y encima puso un montón de piedras, para señalar la tumba. Hecho esto, ensilló el caballo de su camarada, colgó las armas del arzón de la silla y, montando su propio corcel, se aventuró por el sendero, a la escasa luz del crepúsculo.