La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —¡Oh! —replicó Euchre—. Hace muchos años que vivo cerca del rÃo y he visto llegar, fugitivos, a centenares de muchachos. Pero muchos de ellos no valÃan nada, aunque esos duran poco. Esta región del rÃo ha sido y es el refugio de los criminales de todos los Estados. He conocido a cajeros de Banco, falsificadores, ladrones vulgares, asesinos y demás individuos parecidos; pero ninguno de ellos tenÃa nada que hacer en la frontera de Texas. Los individuos como Bland son excepcionales. Como habrá usted notado, no es hijo de Texas. La pandilla que tiene a sus órdenes procede de mil sitios distintos y todos ellos son individuos de cuidado. De eso puede estar seguro. Aquà llevan una vida fácil y hasta engordan, de modo que si no fuese por las luchas que sostienen entre sÃ, acabarÃan por ser demasiado numerosos. El Rim Rock no es ningún lugar apropiado para una persona pacÃfica y decente. Me he enterado de que no quiere usted ingresar en la banda de Bland. Eso, desde luego, no despertará su simpatÃa. ¿Tiene usted dinero?
—No mucho —contestó Duane.
—¿SerÃa usted capaz de vivir del juego? ¿Es usted hábil con los naipes en la mano?
—No.
—¿No quiere dedicarse a robar caballos, o ganado?
—No.