La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Vamos a ver: dÃgame usted quién es Bland —preguntó Duane cambiando rápidamente de conversación—. ¿Qué sabe usted de ese hombre?
—En realidad, ignoramos quién es y de dónde procede —contestó Euchre—, aunque eso ha interesado siempre mucho a todos los individuos que componen la banda. Cuando llegó a Texas debÃa de ser muy joven. Ahora es un hombre maduro. Recuerdo que hace bastantes años era un muchacho muy afable, que carecÃa de la rudeza de palabras y de maneras que se observan en el actualmente. No puede negarse que es un hombre muy listo, inteligente e instruido, capaz de cuidar a un enfermo o a un herido, y, además, hábil en extremo empuñando las herramientas de cualquier oficio. Tiene grandes disposiciones para jefe. Los forajidos acuden como moscas a ponerse bajo sus órdenes, de modo que si no fuese por el juego o las peleas, tal vez tendrÃa ahora un millar de hombres bajo su mando.
—¿Cuánta gente habrá ahora en la banda? —preguntó Duane.
—Me parece que entre todos no llegamos al centenar. Sin embargo, el número varÃa constantemente. Además, Bland tiene varios campamentos pequeños a uno y otro lado de este lugar. Y también en las fronteras de las regiones ganaderas viven numerosos individuos a sus órdenes.