La HeroÃna de Fort Henry
La HeroÃna de Fort Henry —Eres cruel e injusto. Aunque Myeerah tenga sangre india en sus venas, es una mujer blanca y puede sentir como tu gente y, en tu enfado y amargura, olvidas que ella te ha salvado del cuchillo de los shawnees. Tú olvidas su ternura; te olvidas que ella te prodigó sus cariñosos cuidados cuando estabas herido. Myeerah tiene un corazón muy tierno. ¿No ha sufrido ella? ¿No ha sido burlada y llamada despreciativamente rostro pálido por las otras tribus? Pero ella da gracias al Gran EspÃritu por la sangre india que le ha dado y que la mantiene sincera y fiel. Los hombres blancos cambian sus amores y sus esposas y eso nunca lo hacen los indios.
—Pero, Myeerah, yo no quise decir eso con mi silencio; te prometo que no hay ninguna otra mujer. Lo único que hay es que tengo el corazón enfermo y que me siento muy desgraciado. ¿No ves tú que esos amores acabarán algún dÃa en tragedia? ¿No te das cuenta de que serÃamos más felices si me dejaras marchar? Si tú me quieres no desearás verme muerto, y si no me caso contigo me matarán irremisiblemente. Si pruebo de escaparme otra vez, me matarán también; ¡déjame, pues, ir libremente!
—¡No puedo, no puedo! —exclamó ella—. Tú me has enseñado muchos de los males de tu gente, pero no puedes cambiar mi naturaleza.
—¿Y por qué no puedes dejarme en libertad?
—¡Porque te quiero y no puedo vivir sin ti!