La Heroína de Fort Henry
La Heroína de Fort Henry Al principios de las guerras con los indios, el general Clark había destinado al capitán Boggs al Fuerte Henry y Lydia había vivido allí con él dos años. Va sin decir que desde los primeros momentos de la llegada de Betty, las dos muchachas fueron las mejores amigas del mundo.
Cuando los hombres se retiraron a hablar, Lydia rodeó afectuosamente el cuello de Betty con su brazo y le dijo:
—¿Por qué no has venido al fuerte hoy?
—Ha hecho un tiempo tan feo y tan desagradable que he preferido quedarme en casa.
—Pues has hecho muy mal… —dijo Lydia con cierta intención.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué he hecho mal?
—¡Ah, quién sabe! Quizás, al fin y al cabo, no te interese.
—¡Cuánto misterio! Claro que me interesará; cualquier cosa o cualquier persona me interesaría esta noche. Dime, ¿qué sucede?
—Poca cosa; que ha llegado, con el Mayor Mac-Colloch, un joven militar.
—¿Un militar del Fuerte Pitt? Seguramente lo conozco: he tropezado ya con todos los militares.
—No, a ése no lo has visto nunca; es desconocido de todos nosotros.