Lluvia de oro
Lluvia de oro Obtuvo una respuesta que Dick, en su semiinconsciencia, no pudo comprender. Después le pareció que la señora Belding estaba junto a su lecho, aliviándole con la sola placidez de su presencia. Nell y Mercedes, pálidas y agitadas, revoloteaban en su derredor. Bebió ávidamente y rechazó todo alimento. Quería solamente descanso, y, dejándose arrullar por sus enfermeras, le invadió un sueño profundo.
Durmió veinte horas; al despertar, sediento, hambriento, cojo y cansado aún, fue en busca de Belding para recibir órdenes y saber detalles de lo ocurrido con el indio.