Lluvia de oro
Lluvia de oro Rojas cayó de espaldas… El macizo de choyas le recibió en su seno, sujetándole con las mortÃferas púas… ¿Cuánto tiempo le vio Gale luchar por desasirse retorciéndose en espantosa agonÃa?… El bandido parecÃa estar frenético por conseguir la muerte que antes evadiera.
Cuando logro desprenderse era una masa informe, sin apariencia humana, una bola de espinas de choya que fue rebotando, rebotando, hasta desaparecer en las rojizas profundidades del cráter.