Lluvia de oro
Lluvia de oro —Señorita Burton, estamos enterándonos de cosas prodigiosas respecto a Ricardo —añadió el señor Gale—. Si usted ha contribuido a hacer de él un hombre, como parece, ¡Dios la bendiga! ¡Querida niña, acérquese, no la he visto bien!… ¡La novia de Dick…! ¡Madre, no le hemos encontrado a él y hemos encontrado su secreto! CreÃamos haber perdido un hijo y… tenemos dos.
La expresión de orgullo y altivez de la señora Gale se trocó en una mezcla de alegrÃa y dolor. Abrió los brazos, y Nell, lanzando un grito, se arrojo en ellos.
Belding, embargado por la emoción de los acontecimientos, no se dio cuenta de la intensa palidez del rostro de su esposa.