Lluvia de oro
Lluvia de oro —La señora Belding dice que la muchacha no ha cambiado de postura. Debe haber sido una cabalgata de prueba para los dos. ¡Cuarenta millas a través de los cactos!
—El joven Gale hizo a pata más de la mitad —replicó Ladd—. Intentamos persuadirle de que montase uno de nuestros caballos… Si llega a aceptar, no estarÃamos aquÃ. Un paseo semejante acaba con Jim o conmigo.
—En fin, Ladd, de veras me alegro de veros a los dos, y cortad ton que haré cuanto pueda por esa pareja —dijo el otro—. Pero también yo tengo mis preocupaciones, no lo dudes.
—¿Por tu ganado?