Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto —Porque, de lo contrario, me hubiese matado él a mÃ. —¿Le buscó usted con la intención de matarlo?
—No… Un año antes de aquello estuve en Goffs. Alguien me llevó a una tienda en donde encontré una mujer moribunda. No pude hacer nada por ella. La mujer acusó a Mackue diciendo que tenÃa la culpa de que se encontrara allÃ. Desde entonces estuve alerta por si veÃa a Mackue.
—Me quedé maravillado cuando me lo contaron —dijo Dismukes—. Me emocioné profundamente. Dios sabe que las luchas abundan en el desierto lo mismo que la muerte, que se ve aquà en todas partes. Es la vida del desierto. Pero esa hazaña me conmovió. Me hubiera gustado hacerla… Wansfeld, fÃjese en lo maravilloso de los encuentros entre hombres en el desierto y… también entre hombres y mujeres. Las cosas aquà son distintas de las de la civilización. Recuerde nuestro encuentro providencial aquella vez, y el de ahora. Nos volveremos a encontrar… Está escrito en las arenas…
—Dismukes, el desierto es vastÃsimo. A veces no se encuentra a nadie durante muchos meses de camino… y pasan años sin encontrar a una mujer. Mas cuando uno los encuentra la vida parece más intensa, porque la agranda el desierto.