Los Caminantes del desierto

Los Caminantes del desierto

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Adán se quedó solo, entregado a sus pensamientos. Cuando perdió a Dismukes de vista sentóse sobre una piedra, contemplando largo rato a un lagarto que se soleaba en otra. Era un chuckwalla, un reptil largo, delgado, de color verde bronceado, cubierto con manchas de vivos colores y con ojos relucientes como gemas. Adán pasaba mucho tiempo observando a los seres vivos del desierto o escuchando el silencio. Había descubierto que el observar las cosas atentamente trae consigo una recompensa… a veces, una acción extraña, o un fenómeno de la Naturaleza, o un pensamiento nuevo.

Más tarde se encaminó al fondo del valle, donde estaba la fundición del mineral aurífero. Los trabajadores eran muy buscados y les pagaban altos jornales, por lo que en seguida ofrecieron empleo a Adán. Éste contestó que lo pensaría. Mas a no ser que descubriese algún objeto determinado en Tecopah, Adán no pensaba en trocar su libertad ni por todo el oro que molían allí. La fábrica, con todo lo que la rodeaba, le causaba opresión.






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