Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Llevó a Adán al edificio grande, pero pobremente construido y por dentro mal alumbrado, lleno de humo y de ruido. La atracción del local consistÃa sin duda en un bar rudimentario, varias mesas de juego y algunas mujeres de aspecto equÃvoco que bebÃan con algunos hombres. De una habitación contigua salÃa una música discordante. Aunque decepcionado, en cierto modo, la escena le interesó bastante a Adán, porque era la primera vez que veÃa un salón de juego, el infierno de las selváticas: fronteras del Oeste.
Resultó que a Arellano le gustaba beber y reÃr, charlar un rato y hacer de vez en cuando algunas jugadas atrevidas en las mesas de juego. Adán rehusó seguirle por aquel terreno y se negó a beber todas las veces que pudo. Ambuló por el salón, viendo que todo el mundo se mostraba alegre y complacido. El joven se esforzó en no fijarse en ninguna de las mujeres, pero todas ellas le miraban. La habitación de donde salÃa la música era un lugar cubierto tan sólo por una gran lona; el suelo era de madera y se bailaba sobre él.