Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Ante aquellas olas de fuego, la tenacidad de la vida adquirÃa una nueva significación para Adán. La lucha por respirar era la lucha del moribundo por vivir. Mas Adán descubrió que podÃa vencer. El trabajo era mayor que abrirse camino a través de los más terribles temporales de arena o cruzar el tórrido desierto en busca del lejano manantial. Las terribles circunstancias aumentaban al mismo tiempo su resistencia, pero no era posible aguantar muchas noches seguidas la misma lucha. Adán comprendió ahora porque ningún ser humano podÃa sobrevivir mucho tiempo en el Valle de la Muerte.
—Ella no pasará de esta noche —murmuró el joven—. Mas si sobreviviese, mañana la llevaré lejos de aquÃ.
Y mientras avanzaba fatigosamente hacia el campamento de los Virey, la idea se afianzó en su cerebro. Ya antes habÃa tenido el mismo pensamiento, pero ahora, a causa del horror de la noche, estaba más decidido a llevarlo a cabo. Si Magdalena mostrase la menor señal de decaimiento, habrÃa llegado también para él la hora de poner fin a su propia resistencia.