Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto De pronto recordó a Virey y se transformó; renació el odio. Escudriñó en todas direcciones, recorriendo parte de la ladera en busca del odiado enemigo, pero fue inútil. Virey había desaparecido.
—Debió de caer con el alud —murmuró Adán—. Estará enterrado bajo estas rocas. El mismo sepulcro los cobija a los dos… Se ha cumplido su voluntad.
Un poder más alto le había sustraído a la ira de Adán. Y el espíritu de Magdalena Virey, lo mismo que en la vida, habíase interpuesto con fines inescrutables entre Adán y la venganza.