Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto En dirección hacia él, pero a una regular distancia, venÃan dos hombres y dos burros, uno de los cuales parecÃa que llevaba un jinete. A poco, parecieron advertir la presencia de Adán, porque, de pronto, se detuvieron un instante, y cuando continuaron la marcha se desviaron ligeramente hacia la derecha. Adán, al observarlo, se apartó del camino en la misma dirección para pasar cerca de ellos. No tardó en ver que se trataba de dos hombreas de rudo aspecto; uno de ellos guiaba un burro de carga, y el otro llevaba de la brida al segundo burro, sobre el cual iba una muchacha harapienta. Un rayo de sol le reveló el rostro de la muchacha. Ya muy cerca, Adán los saludó.
—Buenas tardes —respondieron los dos hombres, vacilando—. ¿Viene usted del interior?
—No. Vengo del Mohave —contestó Adán—. ¿Cómo está el agua? Supongo que vienen ustedes por el bosque de álamos.
—No. No hay agua allà —respondió con sequedad uno de los hombres—. Bajando por esa senda encontrará buena y abundante agua.
—Gracias. ¿Hacia dónde se dirigen ustedes?