Los Caminantes del desierto
Los Caminantes del desierto Reconoció en el hombre a un sujeto que había conocido en Ehrenberg, un sheriff jugador, especie de matón, al que su hermano Guerd habíase ligado. Al dirigir la vista a la persona que iba detrás de Collishaw, aceleróse el latir de su corazón. Tratábase de un joven alto, fornido, de buen aspecto, y Adán hubiéralo reconocido entre miles. Se le anudó la garganta. ¡Era su hermano Guerd!
Éste alzó los ojos, escudriñando las personas que estaban en el desembarcadero.
—¡Hola, Adán! —exclamó con risa dura; luego hizo una seña a Collishaw, diciendo—: ¡Ahí está! ¡Ya lo hemos encontrado!
Adán se metió por entre los mezquites y, sin cuidarse de las agudas espinas, se alejó, no deteniéndose hasta hallarse a regular distancia.