Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Voy a deciros una cosa —exclamó Lassiter rudamente, y en sus ojos brilló una luz acerada—. Sois una mujer que vale demasiado para que merezcáis ser sacrificada como intentan… No, no creo que podamos ser amigos en tales condiciones.
Juana se acercó un paso más, repelida y, sin embargo, fascinada por la súbita transición de Lassiter. Saber que aquel hombre terrible lucharÃa por ella, era al mismo tiempo horrendo y maravilloso.
—Habéis venido aquà para matar a un hombre…, al hombre a quien Milly Eme…
—Al hombre que arrastró a Milly Erne al infierno…, decidlo asÃ…, Juana Withersteen; sÃ, ése es el motivo de mi venida. Y a nadie más en el mundo se lo dirÃa. Hay cosas que una mujer como vos no podrÃa soñar… De modo que… no hablemos más de Milly Erne. A no ser que me digáis el nombre del infame.
—¿Revelar eso? ¿Yo? ¡Nunca!