Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja En aquel momento comprendió Juana la heroicidad de Lassiter. Su caballo era veloz e incansable, pero estaba ciego. Había empujado a los bueyes guías, haciéndoles ir en semicírculo cada vez más cerrado, hasta juntarse con los del final de la curva en un círculo interior. Y cuando Lassiter lograse formar el círculo, ¿cómo saldría de él? Juana, asustada, aturdida, oró fervorosamente por la seguridad de aquel hombre. Vagamente vio, por entre la nube de polvo, cómo Lassiter seguía empujando a los bueyes hacia dentro para cerrar el círculo, formando la noria que los había de dominar. En la nube de polvo lo perdió de vista; después vio otra vez la negra montura, sin jinete ahora; vio como el caballo se encabritaba y caía. ¡Lassiter había sido arrojado de la silla!… ¡Estaba perdido, muerto! Mas de pronto volvió a aparecer; salía corriendo de entre la nube de polvo. ¡Estaba ileso! Juana respiró.