Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Apretando los dientes, empezó a subir l la empinada cuesta. El suelo era suave y duro como el mármol Por arribos lados alcanzaban los quebrados salientes dejas paredes la estrecha senda, y cada vez le imponÃa más su temible aspecto, El camino iba haciéndose más angosto a medida que subÃa, y cuando llegó al fin de la senda le sor prendió que las paredes estuvieran aún a algunos Gente naces de metros por encima de él. El camine daba sobre una estrecha garganta de suelo liso e inclinada hacia abajo Aquella garganta era la divisoria entre dos declives, tenÃa unos veinte metros de ancho, A un lado habÃa una enorme roca que llamó la atención del joven, porque descansaba sobre un pedestal, ParecÃa una manzana gigantesca descansando sobre su tallo, Alrededor de ella veÃanse miles y miles de diminutas huellas de incisiones, producidas con las hachas de pedernal de los trogloditas. Éstos habÃan socavado la enorme roca pacientemente, hasta que la tremenda masa descansaba tan sólo sobre una pequeñÃsima parte de su superficie. Venters quedóse pensativo. ¿Por qué harÃan los trogloditas aquella labor? La roca no tenÃa semejanza con ningún Ãdolo, de modo que no podÃa figurar alguno de sus dioses. Inconscientemente apoyo la mano sobre la roca, y empujó; después apoyó también el hombro y siguió empujando. La piedra empezó a chirriar, crujió un poco y, por fin, se movió. Balanceóse la roca un poco hacia abajo, se sostuvo un rato en esta posición, volvió a subir lentamente, crujió otra vez y colocóse en su sitio.