Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Se le ocurrió pensar que podrÃa ir al cañón dónde Oldring guardaba el ganado y, con poco riesgo, llevarse carne de vaca. Sin embargo, deseaba hacerlo sin que la joven se enterase, y por fin determinó llevar a cabo su empresa por la noche, mientras Bess dormÃa. Además, asà correrÃa menos riesgo por lo que concernÃa a los bandidos.
Aquella misma noche salió a hurtadillas del campamento, subió hacia el puente de piedra y, entró en el paso que desembocaba en el Desfiladero. La garganta hallábase inundada de luz lunar. La Roca Movediza tenÃa un fantástico aspecto; semejaba un dios fantasmal que esperase el momento propicio para derrumbarse por la empinada pendiente y cerrar, destruyéndolo todo en su terrible avance, la salida al Desfiladero de la Decepción. Aquella roca impresionó a Venters mucho más de noche que de dÃa, pareciéndole que el hecho de que estuviese allà esperando durante miles de años forzosamente habÃa de estar enlazado con su propio destino.
—¡Viejo Ãdolo, si has de rodar, espera a que vuelva al lado de la muchacha; y luego, rueda! —exclamó, como si, en efecto, la piedra representase un Ãdolo.