Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Muchas veces le desconcertaba el modo que tenÃa Bess de mirarle: franca, fija y gravemente, haciéndose la luz en sus ojos cada vez más brillantes. ¿Qué pensarÃa ella al mirarle asÃ? Casi estaba convencido de que no pensaba en nada de particular. Venters sentÃase fascinado por la joven, por su presencia en el Valle de la Sorpresa y por el misterioso pero inminente porvenir que les aguardaba, y a causa de ello estuvo mucho más pensativo que durante las solitarias noches pasadas en la pradera.
Deseaba, sobre todo, pensar en el momento actual, en el presente que tan agradable era para él; pero la duda acerca del porvenir le asediada. No sabÃa que podrÃa reservarles el destino para el futuro. Empezó a pensar en mejorar las condiciones del Valle de la Sorpresa para que la vida allà ofreciera más alicientes, toda vez que ignoraba el tiempo que les serÃa necesario permanecer en él. Venters luchaba tenazmente contra este insistente pensamiento, por comprender que podÃa revelar su deseo de no salir del Valle de la Sorpresa. Mas era forzoso pensar en cosas prácticas, y fuera cual fuese el tiempo que habrÃan de estar en él, imponÃase la necesidad de cambiar la clase de alimentación. Para eso habrÃa de buscar más lejos otras especies de carnes, y acaso tendrÃa que ir a Cottonwoods por provisiones.