Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Obstinación, sÃ…, y permitidme que os lo explique con claridad —continuó Lassiter—. Por ejemplo, anoche quisisteis quitarme las pistolas, fue una acción buena, hermosa, reveladora de vuestro gran corazón…, pero fue también una locura. Tened en cuenta que a mà la vida puede parecerme tan dulce y apetecible como a cualquier otro, y para conservar la vida, todos pensamos primero en nosotros mismos. ¿Qué serÃa de un hombre en estas altiplanicies si no llevase armas? ¿Qué serÃa, sobre todo, de Lassiter? Ya estarÃa enterrado bajo la artemisa, con otras miles que ya no viven y que seguramente son mejores que yo. Llevar pistolas se ha convertido en el Oeste, desde la Guerra Civil, en una especie de ley moral. AquÃ, en estas alturas, es lo que distingue al hombre de lo que no lo es. ¡Fijaos en lo que por poco hicisteis con Venters al quitarle las armas! Además, los dignatarios de vuestra Iglesia llevan armas. Tull ha matado a un hombre y herido a otro. Vuestro obispo ha disparado sobre medra docena de hombres, y no fueron sus oraciones lo que les curó. Y hoy me hubiese matado, de haber sabido «sacar» la pistola. ¿PodrÃa yo pasearme, a pie o a caballo, en Cottonwoods sin mis armas? Vivimos en una época turbulenta, Juana Withersteen.