Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja En el escondido valle despertó Venters del sueño de la noche, y sus oídos llenáronse de las innumerables melodías de los pájaros, y sus ojos abarcaron de una mirada el glorioso y áureo haz de rayos solares que penetraba por el enorme ojo del pétreo puente. El anfiteatro de riscos del Valle de la Sorpresa iba surgiendo lentamente de entre la niebla matutina.
Debajo del abeto hallábase Bess. Recobradas ya las fuerzas, la joven levantábase siempre con el alba. En aquel momento estaba dando de comer a una codorniz que ella misma había domesticado. Bess había empezado a atraerse también a los sinsontes. Éstos saltaban de una rama a otra en el árbol, y algunos interrumpían su canto para bajar y colocarse tímidamente al lado de la codorniz. Conejillos blancos y grises ramoneaban la hierba próxima, y alzaban de cuando en cuando las orejas, mirando recelosos a los perros.
