Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Espera…! ¡Espera! —gritó, y con la mano oprimióse el pecho como si quisiera acallar sus fuertes latidos—. ¡Espera! Es tan extraño…, tan maravilloso todo esto. ¿Quién soy yo para juzgarla? ¡Dios sabe lo que sucederá! Mi amor por ella es mi mayor gloria, pero… no puedo decÃrselo… No puedo…, no puedo…