Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Y, como ironÃa a sus deseos, la realidad impuso un nuevo giro a sus pensamientos. Para permanecer siempre en el valle era preciso ir antes a Cottonwoods; era necesario tener provisiones, trigo para cultivar el suelo del Valle de la Sorpresa, para criar el ganado y, sobre todas las cosas, debÃa decidir el futuro de la muchacha que le amaba y que era amada por él. Lo primero requerÃa esfuerzos muy grandes; lo último, lo concerniente a Bess, parecÃa sencillo y fácil de resolver. Se casarÃa con ella. De pronto brilló la llama de la verdad olvidada, abrasándole el corazón, reduciendo a polvo la alegrÃa de su amor. ¡Bess habÃa sido el Jinete Enmascarado de Oldring! A la pregunta: «¿Qué habéis sido para Oldring?», ella habÃa respondido con una llama de rubor e inclinando la cabeza.
—¡Qué me importa lo que sea y quién sea! —gritó apasionadamente. Y se dio cuenta de que no hablaba en él el hombre de antes, sino un ser más dulce, que despertara a nuevos— pensamientos en el tranquilo valle. La dominante ternura igualaba a la ausencia de la alegrÃa y embotó el filo de los tajantes celos. Un fuerte y apasionado esfuerzo de voluntad, que fue una sorpresa para él, alejó el veneno.