Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡La amo!
Lo dijo en voz alta, para descargar su corazón, para confesar su secreto.
—¡La amo…! Ahora comprendo todo lo que sentÃ.
Al recordar de pronto a Juana Withersteen y pensar en las complicaciones que el presente le guardaba, se asombró de lo lejos que quedaba su antigua vida. Descubrió que odiaba tener que volver atrás, tener que ahondar oscuros problemas y dificultades. HabÃa vivido en aquel valle maravilloso un bello sueño; habÃa sentido los efectos de la tranquilidad y la alegrÃa de hallarse fuera del mundo, solo en aquel incomparable valle, solo con su amor. Dios se le habÃa revelado bajo el gran arco de piedra.
—¡Parece hallarse tan distante el mundo! —murmuró—. Pero… allà está, y aún no he acabado con él. Quizá nunca logre alcanzar… Con todo, ¡qué venturoso serÃa vivir siempre aquà sin tener que pensar más en aquello!