Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Tal como Lassiter había comunicado a Juana, Venters llegó sano y salvo al apacible refugio del Valle de la Sorpresa después de un penoso viaje. Cuando por fin se tumbó cansado bajo los abetos, para reposar de la fatiga que le produjo el obligar a los burros a escalar con su carga la empinada entrada del valle, tuvo tiempo para pensar y, sobre todo, para lamentarse de no haber sido franco con su leal y buena amiga Juana Withersteen.
Disculpábase, sin embargo, con la idea de que, al verla de nuevo y enterarse de los detalles de su adversidad y del cambio que se había operado en ella, no tuvo corazón para revelarle lo sucedido con Bess. No mintió, habíase limitado a guardar silencio.
Bess manifestó francamente su gran alegría ante la enorme cantidad de provisiones y cosas que había traído de Cottonwoods. En efecto, Venters trajo cien veces más de lo que pensaba traer y, sin duda, tendrían suficiente para años, tal vez para poder permanecer siempre en el valle. El joven no vio ninguna razón para salir nuevamente.
Después de un día de descanso recobró las fuerzas y compartió con Bess el placer de examinar el sinnúmero de paquetes y de hacer proyectos para el porvenir. De este modo, todo (el viajé a Cottonwoods, el odio a Tull y la escena subsiguiente) fue borrándose poco a poco de su memoria.
