Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿Por eso no querÃais decÃrmelo?
—No…, no sólo por eso —Bess bajó la cabeza—. Era porque sabÃa que, después de encontrar el oro, no permanecerÃais mucho tiempo en el valle.
—¿Tuvisteis miedo de que os abandonara?
—SÃ.
—¡Escuchadme!… ¡Cuán niña sois! A mà me torturaba mi secreto más que a vos el vuestro… Yo tenÃa la firme convicción de que era preciso marchar de este valle, pero no se me ocurrÃa cómo podrÃamos salir de él y de este paÃs. Soy pobre, y porque se necesita dinero para alejarnos del estado de Utah guardé silencio. No podemos cabalgar siempre y vivir en otros lugares como éste. Asà es que, sabiendo que era necesario salir de aquÃ, me atormentaba la idea de cómo lograrlo. Pero ¡ahora!… ¡Ahora tenemos oro! Y una vez dejemos atrás Sterling, estaremos a salvo, y ya nada tendremos que temer de esos bandidos. ¡Oh, Bess!