Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡SÃ, oro! Mirad, muchas libras de oro. Lo encontré… Lo saqué del riachuelo lavando la arena aurÃfera, grano por grano, pepita por pepita.
—¡Oro! —exclamó de nuevo Venters.
—SÃ, y ahora… ¡reÃos de mi secreto!
El joven estuvo mirando el precioso metal durante largo rato. Luego tendió una mano para ver si era realmente oro.
—¡Oro!, —esta vez su exclamación fue un grito—. Bess, aquà hay miles de dólares en oro. Se inclinó hacia ella y le cogió las manos.
—¿Hay más oro en el lugar dónde sacasteis esto? —preguntó en voz baja.
—Mucho. Todo el riachuelo contiene arena aurÃfera.
Como sabéis, he lavado con frecuencia oro allÃ, en… Además, he escuchado lo que decÃan los hombres. Tal vez no sea muy grande la cantidad que se puede extraer aquÃ, pero sà el suficiente para que… vos podáis reunir una fortuna.
—¿Éste era vuestro secreto?
—SÃ. Odio el oro porque enloquece a los hombres. Los he visto saltar locamente, ebrios de alegrÃa; echarse al suelo revolcándose. Los he oÃdo blasfemar y bramar furiosamente. Los he visto luchar como bestias por la posesión del oro… y también los he visto matarse por él.