Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Tenéis muchos jinetes, Juana. Ayer tropecé con cinco cerca de la senda que conduce al Desfiladero de la Decepción. Estaban con el hatajo blanco.
—¿Aún vais a aquel cañón? Bern, quisiera que no fueseis allÃ. Oldring y sus bandidos tienen su guarida en aquella parte.
—¿Y qué importa?
—Tull insinuó ya algo acerca de vuestras frecuentes excursiones al Desfiladero de la Decepción.
—Lo sé —dijo Venters con una breve risa—. No tardará en decir que soy ladrón de ganado. Tened presente, Juana, que al salir de aquà no hay más agua en cincuenta millas a la redonda que la de aquel cañón. Mi caballo y yo necesitamos beber… ¡Mirad! Allà hay otros jinetes, pero éstos se alejan del pueblo.
—Es que el hatajo rojo está en la vertiente, cerca del Desfiladero.
El crepúsculo avanzaba con rapidez. Un grupo de jinetes cruzó la oscura lÃnea del valle y, a medida que iba subiendo por la vertiente, se le veÃa con más precisión.
—ConfÃo en que no tropiecen con Lassiter —dijo Juana:
—Yo también —observó Venters—. A estas horas, los jinetes de la guardia nocturna saben ya lo sucedido. Sin embargo, estoy seguro de que Lassiter se mantendrá alejada de ellos.