Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Los bandidos habíanse escampado para ofrecer menos blanco a las balas, pero no huían; al contrario, enfrentáronse con él, apercibidas las armas. Oyó una fuerte detonación, y en el preciso instante en que Camorra daba otro salto, oyó silbar una bala, que no le hirió por el movimiento del animal. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Venters y, rabioso, apuntó al jinete que llevaba la carabina y lo mató de un tiro certero. Camorra dio un fuerte resoplido y se lanzó a la carrera. El joven le dejó correr unos veinte metros y lo detuvo con brazo férreo.
Quedaban cinco enemigos, seguramente bandidos todos. Uno de ellos se apeó para apoderarse de la carabina de su compañero muerto. Un tiro de Venters, que no dio en el blanco pero que le envolvió en una nube de polvo, obligó al hombre a volverse rápidamente a su caballo. Luego se separaron. El jinete herido tomó un camino; el que quiso coger la carabina, otro, y Venters creyó ver que un tercer jinete, que llevaba un bulto de extraño aspecto, desaparecía también en la pradera. La rapidez de la acción le impidió ver con exactitud de lo que se trataba. Los dos restantes jinetes, que, en total, llevaban tres caballos, uno de ellos a la zaga, dirigiéronse hacia la derecha. Temiendo al rifle de largo alcance, un arma pesada que ni los bandidos ni los jinetes solían llevar nunca, veíanse obligados a poner distancia entre ellos y aquel tirador.