Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Su cólera no conoció límites. Apretó las espuelas y mientras el caballo aumentaba gradualmente la velocidad, el joven llenó de nuevo la cámara de su rifle. Card y su compañero estaban a cosa de media milla o poco más de distancia, cabalgando ligeros por la parte baja de la pendiente. Venters observó el suave paso y comprendió su significación; hizo galopar a Camorra fuera de la pradera para entrar en ancho camino de ganado que el continuo pisar de los animales bovinos había convertido al cabo de los años en una verdadera carretera de duro y liso suelo. Venters vio que Jerry volvía la cabeza para mirarle y que el otro jinete hacía lo mismo. Luego, los tres corceles robados alargaron el paso de modo que el medio galope podía convertirse al instante en galope tendido.
—¡Camorra! Ya tenemos la apetecida carrera —dijo Venters ásperamente—. Haremos lo mismo que ellos, iremos a medio galope mientras vayan al mismo paso, a galope si galopan, y correremos de verdad cuando ellos lo hagan también. Que sean ellos los que marquen el paso.