Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Estaba muy cerca del escarpado borde de un profundo cañón, hacia el cual se dirigÃa el camino. El terreno formaba varios lomos divididos por cauces secos, que formaban pendiente hacia el fondo del cañón… Siguiendo el borde de éste, vio dónde el borde quedaba interrumpido por otros cañones laterales y, más abajo, muros rojos y riscos amarillos que llegaban hasta una profunda y oscura abertura, que barruntó serÃa el verdadero Desfiladero de la Decepción. Escaló un cercano promontorio y vio por dónde bajaba el camino. El descenso era gradual, a lo largo de una pared roqueña, y el joven comprendió que aquél era el camino por el cual metÃa Oldring el ganado en el Desfiladero. Sin embargo, no habÃa indicio alguno de que hubiese pasado nunca ganado por aquel lugar. Oldring tenÃa muchos agujeros en su madriguera.
Buscando en los huecos roqueños, tuvo la suerte de hallar agua. Sentóse al lado de uno de ellos y comió un poco de pan y carne, esperando que transcurriera el tiempo necesario para poder dar de beber a los caballos. Por la posición del sol, juzgaba que en aquel momento debÃa de ser mediodÃa. Camorra y Africano seguÃan tumbados en el suelo, descansando. Mientras estuvieron echados no querÃa el joven hacer nada, porque cuanto más tiempo descansasen, menos peligro habÃa en darles de beber.