Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Ca, hombre, eso sà que no! —murmuró Venters avanzando unos pasos y apuntando con el rifle. QuerÃa apuntar sobre la encorvada figura de Jerry, herirle allà dónde su cuerpo sobrepasaba al caballo, pero éste movÃase excesivamente y el blanco era demasiado pequeño. Sin embargo, disparó una vez…, dos…, tres veces…, cuatro veces… ¡Cinco! Todos los disparos eran inútiles y, además, perdÃa un tiempo precioso.
Soltando una terrible imprecación, apuntó Venters al flanco del caballo y apretó el gatillo. Oyó el impacto de la bala. Camorra dio un alarido más terrible que antes. Herido de muerte, dio varias vueltas y, con un último y hermoso salto, se precipitó por el borde del abismo. ¡Y cayó con la figura de rana agarrada aún a su cuello!
Hubo una pausa que parecÃa interminable; luego, un choque y un instante de silencio. Después se oyó un gran estruendo, el estrépito de rocas que se derrumban, el eco que poco a poco iba apagándose y, luego, ininterrumpida quietud.
Camorra habÃa acabado su carrera.