Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Unas cuarenta horas más tarde, la aparición de Venters montado en Estrella Negra, llevando a la zaga a Campanilla y Africano, causó sensación en Cottonwoods. Había encontrado a Campanilla paciendo cerca del cadáver de un bandido, único incidente durante su rápida carrera hacia el pueblo.
Nada estaba más lejos de Venters que alardear de bravo; pero no pensó en que sería un reto y una osadía muy, grande llevar los caballos favoritos de Juana Withersteen directamente al lugar dónde vivían los infames maquinadores. Quería tan sólo que las gentes viesen los famosos apura sangre, que los viesen polvorientos y sucios, con todas las señales de haber sido forzados a extremas carreras; quería hacer saber a los hombres que los ladrones que llevaron los caballos a la pradera no volvían con ellos. Venters había ido para esto… y para algo más. Deseaba encontrarse con Tull cara a cara, y si no con Tull con Dyer, o si no con cualquiera de los intrigantes que habían cooperado a la infamia. Tanto era el rencor de Venters. El encuentro con los ladrones, el ataque no provocado por él, el vertimiento de sangre, el reconocimiento de Jerry Card y de los caballos, la furiosa carrera, el último y hermoso salto de Camorra, todo esto (combustible arrojado al fuego latente va en él) había producido una viva llama. Hubiera matado a Dyer de un tiro aunque estuviera oficiando en el mismo altar; hubiera matado a Tull ante sus mujeres e hijos.
