Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Veo que algunos de vosotros lleváis armas —añadió, mordazmente, y durante largo rato permaneció inmóvil sobre Estrella Negra, anhelando la acción fatal—. Bueno, ¿qué le vamos a hacer? —continuó—. Llevadle, pues, a Tull este recado. ¡Decidle que he visto a Jerry Card…! ¡Qué Jerry Card… no volverá jamás!
Después, y sin que se interrumpiera la calma, Venters salió de la plazuela, traspasó nuevamente la calle y se dispuso a ir a casa de Juana Withersteen para devolverle sus caballos favoritos.
—¡Hola, Venters! —exclamó una voz familiar, y el joven vio que un hombre se dirigÃa presuroso hacia él. Era Judkins, el jinete de Juana Withersteen, que estrechó efusivamente su mano—. ¡Buen susto me has dado!
Al ver los corceles me sentà como herido por un rayo. ¿Qué pasa? ¿Te has vuelto loco? Porque es una locura entrar en el pueblo con esos caballos y hablar del modo que lo has hecho, insultando a Tull y a Jerry Card.
—Jud, no estoy loco, sino furioso, tanto que no te lo puedes figurar —repuso Venters.