Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Bueno, bueno, Bern, asà da gusto oÃrte hablar, pero aquello… ¡Canastos, si parecÃas un cadáver viviente que tuviese ojos de fuego! Y aquellos hombres se pusieron tan rÃgidos del susto que ninguno se acordó de que tenÃa armas. Ven, que tenemos que hablar. No estamos muy seguros aquÃ.
Judkins montó en Campanilla y se dirigió con Venters hacia el bosque de álamos; allà desmontaron y se internaron en él.
—Oigamos primero tus noticias —dijo Judkins—. Has recuperado los caballos. ¡Vaya una hazaña, camarada! Naturalmente, habrás despachado a Jerry Card, como hiciste con Horn.
—¿Cómo con Horn?
—¡Vaya! Lo encontraron ayer medio comido por los coyotes con una bala en el corazón.
—¿Dónde ha sido eso?
—En la Encrucijada, dónde el camino de ganado de Oldring parte hacia el Norte.
—Allà encontré a Jerry Card y los bandidos. ¿Qué hacÃa Horn entre ellos? Creà que era un ganadero honrado.
—No sé, Bern. No me lo preguntes; me hago un lÃo con todo lo que sucede.
Venters le contó entonces la lucha con los bandidos, la carrera entre él y Jerry Card y el trágico fin de éste.