Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Yo lo sabÃa! —exclamó Judkins—. SabÃa que Camorra era el mejor de todos… —Sus ojos brillaron y su ancha faz se contorció en una mueca de alegrÃa—. ¡Ésa si que ha sido una buena carrera! ¡Canastos, cuánto hubiera dado por haber visto el salto final de Camorra! ¡En el mismo instante murieron el mejor caballo y el mejor jinete de la pradera…! Pero, Bern, después de recuperar los caballos, ¿por qué te empeñaste en afrentan asà a Tull?
—QuerÃa que lo supiese. Y si logro acercarme a él…
—No lo lograrás —le interrumpió Judkins—. El grupo, de los vigilantes se ha constituido en una especie de guardia de corps de Tull y Dyer.
—¿Es que Lassiter no ha demostrado aún quién es? —preguntó Venters, muy sorprendido.
—No —contestó con desdén su camarada—. Juana le tiene dominado. Está locamente enamorado de ella y la sigue como un perrito faldero. ¡Ya no es aquel Lassiter! Ha perdido mucho, no parece el mismo. Todo el mundo lo sabe y es la comidilla del pueblo. No ha «sacado» una pistola contra nadie, ni quiere hacerlo tampoco.