Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters huyó velozmente, dobló la esquina, atravesó la calle, saltó un cercado, traspuso el patio, el jardín, la puerta; saltó otro cercado y se halló en la pradera. Ocultándose tras la alta artemisa roja, se dirigió al Oeste, hacia dónde había guardado el rifle. Apoderóse rápidamente de él y siguió corriendo. Tras un gran rodeo alcanzó los establos de Juana por la parte posterior. Rendido, y con un agudo dolor en el costado, se detuvo para tomar aliento; entre tanto, escudriñaba el lugar en busca de un caballo. Las puertas y las ventanas del establo hallábanse abiertas y el edificio parecía abandonado. Un burro solitario estaba cerca, en el corral. Muy extraño era el silencio que reinaba en el que fue hogar de los favoritos de Juana Withersteen.
Se aproximó al burro, cuidando de no dejar huellas, y lo llevó al abrevadero para que bebiera. Él mismo, aunque no tenía sed, bebió hasta no poder más. Luego, guiando el burro por dónde el suelo estaba duro, penetró en la pradera, pendiente abajo.
Andaba rápidamente y, de cuando en cuando, se volvía para escudriñar a posibles perseguidores. Su cabeza asomaba justamente por encima de la artemisa; el burro, de ningún modo era visible.