Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Oldring, Bess vive. Pero para vos está muerta…, muerta para la vida que le habéis hecho llevar… ¡Muerta como vos lo estaréis en un segundo!
Rápida como un relámpago cayó la mirada de Venters desde los ojos centelleantes de Oldring a sus manos. Una de ellas, la derecha, hizo un movimiento para sacar el revólver… Venters fue más rápido: de un balazo le atravesó el corazón.
Lentamente, arrodillóse el bandido y, con la mano apoyada en la culata del arma, quedó inerte. El joven comprendió la significación del movimiento, de la cortada respiración y del temblor que recorrió aquel enorme cuerpo. ¿Pero era aquella extraña mirada de los negros ojos la última chispa de una vida que se extinguÃa?
—¡Hombre! ¿Por qué… no esperasteis…? Bess fue… —el murmullo de Oldring se apagó y, con una sacudida, cayó muerto.