Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Su sangre caerá sobre mÃ! —murmuró Juana, y cayó de rodillas. Sus creencias mormonas seguÃan dominándola; los largos meses de dudas y tribulaciones parecÃan no haber existido—. Si vertéis su sangre, caerá sobre mi alma… y sobre la de mi padre. ¡Escuchadme!… —Y se abrazó a sus rodillas, resistiéndose cuando él trató de levantarla—. ¡Escuchadme!
¿No soy nada para vos?
—Mujer, no juguéis con las palabras. Os amo, y pronto os lo probaré.
—Seré vuestra…, huiré con vos,…, nos casaremos cuando queráis… con tal de que le perdonéis la vida.
La respuesta de Lassiter fue una risa frÃa, terrible, retumbante.
—¡Lassiter, os amo! ¡Perdonadle!
—¡No!
Ella se puso en pie, desesperada, y le rodeó el cuello con los brazos y le estrechó contra su pecho tan fuertemente que Lassiter no pudo desasirse.