Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Lassiter! —exclamó Juana comprendiendo por fin—. ¡No, no, no! —suplicó—. Habéis dicho que renunciabais a la venganza. Prometisteis no matar al obispo Dyer.
—Si queréis hablarme de él no le deis el tÃtulo de obispo. Un malvado no puede llevar tal nombre.
—¡Oh! ¿No me dijisteis que habÃais renunciado a vengaros de… de Dyer?
—SÃ.
—Pero… lo que acabáis de decir…, esas armas…, vuestra terrible mirada.
—Ahora trato de hacer justicia, no de vengarme.
—¿Vais a… matarle?
—Si Dios me da una hora más de vida, sÃ… Y si no Dios, el diablo…
—¿Queréis matarle… por vos mismo…, por vuestro odio?
—No.
—¿Por Milly Erne?
—No.
—¿Por la pequeña Fay?
—¡No!
—¡Oh! ¿Por quién, pues?
—¡Por vos!