Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Lassiter, os amo realmente. En mi angustia lo he comprendido. Me sorprendió como el golpe de una terrible verdad. ¡Sois un hombre único! No lo he sabido hasta ahora. Cuando os habéis puesto esas terribles armas, cuando he visto vuestro pálido semblante, se ha operado en mà un maravilloso cambio. Siempre he amado, pero nunca como ahora. Ninguna mujer puede amar como la que tiene el corazón destrozado. Si no fuese por una cosa…, pero no, ¡no puedo hablar! De otro modo me enorgullecerÃa vuestra virilidad, vuestra decisión de matar por mÃ. Creedme… y, perdonad a Dyer. Sed piadoso… Sed grande en este momento, vos que sois siempre grande en todo… Lassiter, nada tengo, pero soy bella…, apasionada… y os amo… Llevadme de aquÃ…, ocultadme dónde queráis, amadme y curad las heridas de mi corazón. Perdonadle a él y huid conmigo. Soy vuestra… ¡Un beso…! —añadió en voz baja, enloquecida.
—A ese precio… ¡no, no! —contestó Lassiter.
—¡Besadme!… ¿Sois hombre?… ¡Besadme y salvadme!
—Juana, nunca me habéis querido realmente, pero ahora es peor, ahora ensuciáis vuestra alma con negras mentiras.
—¡Por la memoria de mi madre…, por la Biblia…, no, no tengo ya Biblia…, por mi esperanza de ganar el cielo, os juro que os amo!