Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Juana! —exclamó—. ¡Esta muchacha es inocente!
—¿Pretendéis que crea eso? —preguntó ella con amargura.
—No miento hasta este extremo, bien lo sabéis. Si mentÃ…, si guardé silencio en la hora en que hubiese debido hablar, fue por ahorraron un disgusto. Fui a Cottonwoods para contároslo todo, pero al ver vuestras tribulaciones, no me sentà con fuerzas para ello. Quise deciros que amo a esta joven, pero nunca olvidé, Juana, lo buena que habéis sido conmigo. Aprecio vuestra amistad como antes, y os ruego que, a pesar de las condenatorias apariencias, procuréis ser justa. La muchacha es inocente. Preguntádselo a Lassiter.
—Juana. Bess es tan buena e inocente como la pequeña Fay —afirmó Lassiter, con extraña sonrisa y una luz misteriosa en los ojos.
Venters y Lassiter vieron como la torturada alma de Juana luchaba contra el odio, la duda y la sospecha, y al fin salÃa victoriosa.
—Berra, sÃ, en mi desventura, os he acusado injustamente. ¿Quién es esta joven?