Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿La tenÃais con vos en aquel maravilloso valle?
—SÃ, Juana, pero…
—¿Todo el tiempo, desde que os marchasteis?
—SÃ, pero no puedo deciros…
—¿Y me pedisteis provisiones para ella? ¿Para ella quisisteis convertir el valle en un paraÃso?
—¡Oh Juana!
—¡Contestad!
—SÃ.
—¡Qué embustero sois! —Y con esta exclamación se desató la furia de Juana Withersteen. Por segunda vez en su vida la invadió la irrefrenable cólera que habÃa sido la debilidad de su padre. Y era peor que la de él, porque Juana era una mujer celosa…, celosa hasta con sus amigos…
Venters se limitó a aguantar el chaparrón. La ira de Juana duró poco; como el fuego vivo, se consumió rápidamente. Faltóle energÃa para continuar gritando; como un árbol herido en la raÃz, empezó a temblar y su enojo se convirtió en desesperación. Luego, exhausta, en estado lastimoso, sostenida por el brazo de Lassiter, se volvió y ocultó el rostro en las crines de Estrella Negra.
Aunque Venters parecÃa tranquilo, cuando al fin su gran amiga alzó el rostro y le miró, sufrió un agudo dolor.