Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Bess, Lassiter cree que el viaje que nos proponemos hacer es irrealizable. Temo que tenga razón. Tenemos sólo una probabilidad contra noventa y nueve de salir de Utah.
¿Retrocedemos o continuamos?
—Continuaremos —contestó Bess, decidida.
—Ya está dicho, Lassiter.
Lassiter hizo un ademán, como significando que él no podÃa hacer más, y pasó una sombra por su rostro. Venters sintió que alguien le tocaba el codo. Juana estaba a su lado, apoyándose en su brazo. SonreÃa.
—Bern, tenéis razón en preferir la muerte antes que dejar de hacer lo posible por sacar a Isabel de Utah, de este paÃs tan selvático. Es preciso que lo consigáis. Habéis de enseñarle el mundo que ella no conoce… ¡Imaginad cuán poco ha visto y cuántas sorpresas agradables la esperan! Tenéis oro y, por lo tanto podéis hacerla feliz. ¡Qué porvenir tan glorioso! Participo de vuestra dicha. Pensaré en vosotros…, soñaré con vosotros…, rogaré por vuestra felicidad.
—Gracias, Juana —contestó Venters haciendo grandes esfuerzos para hablar serenamente—. ¡Oh, cuánto darÃa por haber cruzado ya esta inmensa ladera de artemisa!
—Podéis considerarlo como un hecho. Será fácil…, será una carrera hermosa —dijo con dulzura.