Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Calma, muchacho, calma —replicó Lassiter, como si hablara a un niño, pero desasiéndose de él con la fuerza de un gigante—. Escúchame, criatura: Juana ha comprendido muy bien la situación. Los burros nos bastarán; con ellos podremos avanzar y ocultarnos como y cuando queramos. Nos llevaremos vuestros perros y el rifle. SÃ, sÃ, está muy bien pensado. Estrella Negra y Africano son vuestros, y la misma seguridad que tengo yo en mi punterÃa tenéis ahora vosotros de salir de Utah.
—¡Juana…, detenedle…! ¡Por favor…, detenedle! —dijo Venters, jadeante—. No tengo fuerza suficiente; nada puedo hacer. ¡Eso no es posible! ¿No veis que no es posible? He sido la causa de vuestra ruina; por mà lo habéis perdido todo. Sólo os quedan esos caballos; sé cuanto los amáis. ¡Y vais a dármelos a mà para que salga de Utah y pueda salvar a la muchacha que amo!…
—Ésa será mi mayor gloria.